Wednesday, March 27, 2013

Ejercicio de Lectio Divina de JN. 13, 1-15. Jueves Santo.


   1. Oración inicial.
 
   Iniciemos nuestro encuentro de oración, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
 
   R. Amén.
 
   Al iniciar la celebración eucarística de la tarde del Jueves Santo, damos por concluido el tiempo de Cuaresma, e iniciamos la celebración del Triduo pascual. Recordemos que el calendario litúrgico de la Iglesia está inspirado en el calendario judío, según el cual, al ponerse el sol, se inicia un nuevo día. La primera celebración del Triduo pascual, es la conmemoración de la última Cena de Jesús con sus discípulos, en la que instituyó los Sacramentos de la Eucaristía y el Orden sacerdotal, y nos dio el Mandamiento de la caridad, por cuya existencia, el dinero que se recoja en las colectas de las Misas que se celebren en todo el mundo, será destinado, a hacer obras de caridad.
 
   Contemplemos a Jesús celebrando su última Cena pascual con aquellos de sus amigos que lo siguieron fielmente desde que los llamó a lo largo de los años que se prolongó su Ministerio público. El relato de la última Cena de Jesús con sus discípulos, puede leerse, en los capítulos 13-17 del cuarto Evangelio.
 
   Jesús les lavó los pies a sus discípulos, para dejarles un ejemplo a seguir, de cómo sus seguidores deben servirse recíprocamente, con tal de que su Iglesia no sucumba, ante las dificultades que existen, para que tengamos fe en Él. El distintivo de los cristianos es el amor, y, la única manera que tenemos de demostrar que somos cristianos, consiste en servirnos unos a otros, sin olvidar a quienes carecen de nuestra fe.
 
   Pedro no quería que Jesús le lavara los pies. Si sintiéramos un gran amor por Nuestro Salvador, y Él se nos manifestara, diciéndonos que vamos a verlo muriendo para demostrarnos su amor, después de habernos servido, como si fuera nuestro esclavo, nos negaríamos a ello. Quizás el citado discípulo del Señor pensaba que no tenía tantos conocimientos bíblicos como Jesús, pero le era imposible aceptar, que el Mesías le lavara los pies, pues tal trabajo era tan humillante, que no todos los esclavos judíos, estaban obligados, a llevarlo a cabo. Jesús no solo vino al mundo a ser considerado como quienes son más marginados, sino a demostrarnos su amor, dejándose maltratar, y crucificar. ¿Nos dejaremos redimir por el Hijo de Dios y María, o seguiremos buscando la felicidad, sin tener a Dios presente, en nuestra vida?
 
   Aunque Jesús sirvió a sus amigos como si hubiera sido esclavo de los tales, era muy consciente de que procedía de Dios, y, por tanto, de su dignidad. Oremos para que el orgullo no nos impida ser buenos seguidores de Jesús, cuando tengamos la oportunidad de servir a quienes necesitan nuestros dones, espirituales, y, materiales.
 
   Oremos:
 
CONSAGRACIÓN DE LA "OBRA DEL ESPÍRITU SANTO"
 
¡Oh Amor, centro y vida de la Trinidad Espíritu Santo!, ven a mí con tus dones y con tu Amor;me consagro totalmente a Ti para que obres en mí tu "Misterio
de AMOR", el que empezaste a realizar el día de mi bautismo y que ahora quiero renovar en cada instante de mi vida.
 
Que tu gracia acompañe siempre todas mis acciones y las transforme en ofrenda permanente para gloria del Padre y bien de todos los hombres mis hermanos. Amén.
(Desconozco el autor).
 
   2. Leemos atentamente JN. 13, 1-15, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
 
"Los amó hasta el extremo
 
Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15
 
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. 
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: 
—«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» 
Jesús le replicó: 
—«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» 
Pedro le dijo: 
—«No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: 
—«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» 
Simón Pedro le dijo: 
—«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» 
Jesús le dijo: 
—«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» 
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» 
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: 
—«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis"".
 
   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
 
   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
 
   3. Meditación de JN. 3, 1-15.
 
   3-1. Jesús nos amó, y por ello murió, para que nos sea fácil creer en ÉL.
 
   "Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (JN. 13, 1).
 
   Deseo pediros, que oréis conmigo, de manera que, todos juntos, recuperemos, la capacidad de asombrarnos, para poder captar la belleza de las palabras, que estamos considerando.
 
   Antes de que aconteciera la celebración de la Pascua judía, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo a la presencia de Nuestro Padre celestial, no solo amó sin medida a los que estuvieron con Él durante los años que quiso que lo siguieran, sino que los amó hasta el extremo, de llegar a morir, no solo por ellos, sino por sus creyentes de todos los tiempos. Esta es la razón por la que, Nuestro Señor, le dijo al Padre celestial, en su oración sacerdotal:
 
"No ruego solo por estos,
sino también por aquellos
que, por medio de su palabra, creerán en mí" (JN. 17, 20).
 
   3-2. Jesús conocía a sus discípulos, y nos conoce a nosotros.
 
   Jesús sabía que Pedro lo iba a negar, que Judas lo iba a traicionar, y que los demás discípulos con la excepción de Juan, lo iban a abandonar, justo en el momento, en que más los necesitaba. A pesar de que la fe de los amigos del Mesías no era plena, Jesús los amó, hasta el punto de llegar, a dejarse sacrificar, para demostrarles su amor. El Señor nos conoce a nosotros tal como conocía a sus discípulos. El Señor es consciente de los pecados que hemos cometido, e incluso sabe los que vamos a cometer, durante los años que se prolongue nuestra vida. El Dios Uno y Trino nos ama, muy a pesar de nuestras traiciones, y debilidades. ¿Qué hemos hecho, y qué seguiremos haciendo, -o empezaremos a hacer-, para corresponder tan gran amor?
 
   3-3. el diablo puso en el corazón de Judas el propósito de traicionar a Jesús.
 
   "Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle" (JN. 13, 2).
 
   Judas fue un israelita culto, que, según la hipótesis de los expositores bíblicos que lo suponen cercano a los zelotes que deseaban conseguir hombres y armas para liberar su país del yugo romano, no quiso someterse al cumplimiento de la voluntad de Dios, pues quiso someter a Jesús, al cumplimiento del deseo de liberar al pueblo de Israel, del dominio romano. Según la citada hipótesis, dado que Jesús no incitó jamás a sus seguidores a ser violentos, Judas quiso arriesgar la vida del Mesías, pensando que, si Jesús se veía amenazado de muerte, comprendería el sufrimiento de sus hermanos de raza que ansiaban ser libres, y constituiría un ejército, para enfrentarse a las autoridades imperiales.
 
   Judas debió ser un discípulo conflictivo, tanto para Jesús, como para sus compañeros. San Juan inició el capítulo 12 de su Evangelio recordando la cena que celebraron Lázaro y sus hermanas Marta y María, para conmemorar la resurrección del primero, que fue llevada a cabo, por Nuestro Salvador. Cuando María ungió los pies de Jesús y se los secó con sus cabellos con un perfume valorado en 200 denarios, Judas protestó ante aquella acción, alegando que el perfume pudiera haberse vendido, para destinar el producto del mismo, a socorrer a los pobres, quienes a él le traían sin cuidado, pues era ladrón, y, dado que administraba el dinero de Jesús y sus amigos, no cesaba de robar a los tales. Quienes trabajan en la administración de comunidades u organizaciones no gubernamentales religiosas, cuyos ingresos dependen de la recepción de donativos, saben lo necesario que les es el dinero, para hacer obras de caridad. Aunque Jesús era consciente de la necesidad que tenía de no malgastar los donativos que recibía, no relegó a Judas de la administración de los bienes de la comunidad apostólica, a pesar de que sabía que era ladrón, para demostrarle que, hasta que ambos se separaron cuando dicho discípulo traicionó al Mesías, le dio la oportunidad, de convertirse a Él.
 
   ¿Es nuestro amor a quienes nos traicionan o nos roban, tan grande como el amor que Jesús le demostró a Judas?
 
   ¿Nos interesan más las personas que los bienes materiales?
 
   3-4. Jesús es el Dios Todopoderoso.
 
   "Sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía" (JN. 3, 3).
 
   Jesús es consustancial al Padre y al Espíritu Santo, según la fe, de quienes creemos en la Santísima Trinidad. San Juan escribió en su Evangelio que Dios puso en las manos de Jesús la creación, y que el Señor procedía de Nuestro Santo Padre, y que iba a volver a Él, para que nos sea fácil percatarnos del contraste existente, entre la dignidad del Hijo de dios y María, y la humildad característica, de Nuestro Redentor. El Señor no fue impedido por su grandeza para actuar como el más humilde de los esclavos. Dado que Jesús es la cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia, y los cristianos debemos amoldarnos a la observancia de la conducta que observó cuando vivió en Israel, San Pablo, les escribió, las siguientes palabras, a los cristianos de Colosas:
 
   "No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo (vuestra condición pecadora) con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su creador, donde no hay griego ni judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos" (COL. 3, 9-11).
 
   3-5. Jesús lavó los pies de sus discípulos.
 
   "Se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido" (JN. 13, 4-5).
 
   "Jesús no estaba de acuerdo con la práctica de los ritos purificatorios de los judíos, así pues, la necesidad que todos tenemos de que nos sean lavados los pies, consiste en que aprendamos a dejarnos servir por Jesús, y a servirnos desinteresadamente, convirtiendo nuestro mundo en una familia, en que no existan diferencias sociales. Recordemos cómo Isaías alaba al Mensajero cuyos pies lo conducen por el camino que ha de predicar la Palabra de Dios.
 
   "¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!" (IS. 52, 7)...
 
   En la Biblia se nos demuestra claramente que Dios y la impureza característica del pecado no son compatibles. Una vez que Jesús se pusiera a disposición de sus enemigos, padeciera su Pasión, falleciera, y resucitara de entre los muertos, no serían las abluciones judías los ritos que les concederían la purificación a los creyentes, sino el sacrificio de Nuestro Redentor.
 
   A pesar de que Jesús sabía que Judas lo iba a traicionar, no se negó a lavarle los pies, de la misma manera que se entrega en las celebraciones eucarísticas, a quienes sabe que no están dispuestos a amoldarse al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre, y comulgan, aunque no estén en estado de gracia. Dios tiene poder para salvarnos, pero no quiere hacerlo sin nuestro consentimiento.
 
   Jesús no les lavó los pies a sus discípulos antes de cenar tal como exigía la costumbre de sus hermanos de raza, sino durante la Cena. De esta manera, les hizo comprender a sus amigos que no llevó a cabo con ellos un gesto protocolario, sino que los sirvió, como si fuera su esclavo, para dejarles un ejemplo a imitar. Nuestro Señor se quitó el manto indicando que estaba dispuesto a morir por quienes amaba, y se envolvió una toalla a la cintura, indicando que no necesitaba un cinturón de guerra para emprender una violenta lucha física, pues su guerra era de carácter espiritual, contra las fuerzas del mal. Esta es la razón por la que San Pablo nos describe cuál debe ser nuestra armadura espiritual, para luchar sin descanso contra los enemigos espirituales cuya misión consiste en impedirnos tener fe en Dios.
 
   "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (EF. 6, 10-17)" (José Portillo Pérez. Meditación para el Jueves Santo del año 2012).
 
   Jesús hizo un trabajo digno de un esclavo extranjero cuando lavó los pies de sus discípulos. Si deseamos alcanzar la grandeza del Señor, debemos imitar su humildad. Mostrémonos dispuestos a servir a Dios de cualquier modo que podamos glorificarlo. La grandeza de Jesús está relacionada con la humildad y el dolor de los más necesitados de bienes materiales y espirituales. El Papa Francisco sorprendió a muchos creyentes -y no creyentes- cuando les pidió a los miles de sus compatriotas argentinos que deseaban estar presentes en la Eucaristía con que inició su Pontificado el 19 de marzo, que, el dinero que iban a gastar en viajar al Vaticano, que lo invirtieran en socorrer a los pobres. Es fácil vivir una religiosidad consistente en recorrer los santuarios más grandes del mundo y en realizar actividades que pueden hacernos olvidar nuestra rutina, pero no parece tan atractiva la imitación de la conducta de Jesús, a la hora de socorrer a los necesitados de bienes, espirituales, y, materiales.
 
   Recordemos la bendición que dios reserva a quienes imitan la conducta servicial de Nuestro Salvador.
 
   "En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís" (JN. 15, 16-17).
 
   3-6. Pedro no quiso que Jesús fuera su siervo.
 
   "Llega a Simón Pedro; éste le dice: "Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?" Jesús le respondió: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde." Le dice Pedro: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le respondió: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo." Le dice Simón Pedro: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza"" (JN. 13, 6-9).
 
   Imaginémonos lo que debió pensar Pedro, cuando vio que Jesús lavaba los pies de sus compañeros, y, lentamente, se le iba acercando. ¿Qué debió sentir el buen pescador de Galilea al pensar que sus compañeros, siendo muy inferiores a Jesús, se dejaban servir por el Mesías? Jesús le dijo a Pedro que no podía entender en aquella hora lo que hizo con él y sus compañeros. Pedro permitió que Jesús le lavara los pies, pensando que el Señor le practicó una limpieza ritual, semejante a los ritos purificatorios de los judíos. Pedro no hubiera consentido en aquella ocasión bajo ningún concepto que Jesús hubiera actuado como si hubiera sido su esclavo, y, a pesar de ello, Jesús murió, como si hubiera sido esclavo de nuestros pecados y debilidades, para concedernos la vida eterna.
 
   El texto joánico que estamos considerando, no es un pasaje bíblico agradable, para los líderes religiosos que, en vez de servir a sus subordinados, desean aprovecharse de los tales. Jesús lavó los pies de sus discípulos para enseñarles que, si querían alcanzar el liderazgo según Dios, debían aprender a ser siervos, tanto de los creyentes, como de los no creyentes. La autoridad cristiana debe ser el compromiso que adoptan quienes son líderes de servir a sus subordinados.
 
   3-7. La Palabra de Dios nos ha purificado de nuestros pecados.
 
   "Jesús le dice: "el que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos." Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: "No estáis limpios todos"" (JN. 13, 10-11).
 
   Jesús no les habló a sus amigos de la pureza física, sino del perdón de sus pecados, que todos recibieron, con la excepción de Judas, quien no se dejó redimir por Nuestro Salvador. En lo que respecta a nosotros, si nos arrepentimos del mal que hemos hecho, y nos amoldamos al cumplimiento de la voluntad de Dios, no debemos perder la esperanza, de alcanzar la salvación.
 
   3-8. ¿Por qué lavó Jesús los pies de sus discípulos?
 
   "Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" (JN. 13, 12-15).
 
   Jesús les lavó los pies a sus discípulos para darles a entender cuál debería ser su distintivo a la hora de extender su misión en todo el mundo. Tal distintivo debía ser el amor servicial, pues, los discípulos de Jesús, debían predicar el Evangelio, servirse recíprocamente, y ser servidores de creyentes y no creyentes.
 
   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
 
   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
 
   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en JN. 13, 1-15 a nuestra vida.
 
   Responde las siguientes preguntas, ayudándote del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
 
   3-1.
 
   ¿Por qué el hecho de asombrarnos al recordar cómo nos redimió el Señor nos fortalece la fe?
 
   ¿Les dejó Jesús su testamento a quienes llegaron a ser sus Apóstoles, o a sus seguidores de todos los tiempos?
 
   3-2.
 
   ¿Cuál de los discípulos del Señor traicionó a su Maestro?
 
   ¿Cuál de los discípulos de Jesús negó al Mesías?
 
   ¿Por qué nos demostró Jesús el amor que siente por nosotros por medio de su Pasión, muerte y Resurrección?
 
   ¿Qué hemos hecho, y qué seguiremos haciendo, -o empezaremos a hacer-, para corresponder tan gran amor?
 
   3-3.
 
   Según la hipótesis de quienes piensan que Judas estuvo relacionado con los zelotes que ansiaban la liberación de Israel por medio de la guerra, ¿por qué traicionó el citado discípulo del Señor a Jesús?
 
   ¿Por qué protestó Judas cuando María vertió perfume sobre los pies de Jesús y lo enjugó con sus cabellos?
 
   ¿Qué misión tenía Judas en la comunidad apostólica?
 
   ¿Por qué no impidió Jesús que Judas fuera el administrador del dinero de la comunidad apostólica, si sabía que era ladrón?
 
   ¿Es nuestro amor a quienes nos traicionan o nos roban, tan grande como el amor que Jesús le demostró a Judas?
 
   ¿Nos interesan más las personas que los bienes materiales?
 
   3-4.
 
   ¿Por qué relacionó San Juan en el Evangelio de hoy la grandeza y la humildad de Jesús?
 
   ¿Quiénes son el hombre viejo y el hombre nuevo según COL. 3, 9-11?
 
   3-5.
 
   ¿Qué significa el hecho de que Jesús lavó los pies de sus discípulos?
 
   ¿Por qué existen diferencias entre el Judaísmo y el Cristianismo?
 
   ¿Por qué le lavó Jesús los pies a Judas, y se entrega en las celebraciones eucarísticas, a quienes no quieren cambiar su conducta pecadora, por la conducta que observó Nuestro Salvador, cuando vivió en Israel?
 
   ¿Por qué no quiere salvarnos Dios sin nuestro consentimiento?
 
   ¿Por qué les lavó Jesús los  pies a sus amigos durante la cena, y no lo hizo al principio de la misma, según era costumbre?
 
   ¿Por qué se quitó Jesús el manto para lavar los pies de sus discípulos?
 
   ¿Por qué se envolvió el Señor una toalla a la cintura?
 
   ¿Por qué no podemos alcanzar la grandeza de Jesús sin imitar su extrema humildad?
 
   Lee JN. 13, 16-17, y contesta esta pregunta: ¿Crees que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad?
 
   3-6.
 
   ¿Por qué no quería Pedro que Jesús lo sirviera como si fuera su esclavo?
 
   ¿Por qué aceptó Pedro que Jesús le lavara los pies?
 
   ¿Qué deben hacer quienes quieren alcanzar el liderazgo aprobado por dios?
 
   ¿En qué consiste la autoridad cristiana?
 
   3-7.
 
   ¿Por qué no se dejó redimir Judas por Jesús?
 
   ¿Por qué debemos creer que seremos salvos si nos arrepentimos del mal que hemos hecho y cumplimos la voluntad de dios?
 
   3-8.
 
   ¿Por qué lavó Jesús los pies de sus discípulos?
 
   ¿Cuál es el distintivo de los cristianos?
 
   5. Lectura relacionada.
 
   Lee JN. 6.
 
   6. Contemplación.
 
   Oremos recordando los episodios principales de la vida de Jesús, quien siempre vivió humildemente, y, siendo consciente de que es difícil para nosotros creer en la veracidad de sus palabras, se dejó ejecutar, para demostrarnos que, Nuestro Padre celestial, nos ama inmensamente.
 
   Contemplemos a Jesús lavando los pies de sus discípulos, y contemplémonos nosotros, con las dificultades que tenemos, para servir, desinteresadamente, a nuestros prójimos, los hombres.
 
   Contemplemos a Pedro, en los instantes en que no quería, que Jesús le lavara los pies. Pedro no quería ser servido por Jesús, porque se sentía muy inferior, a Nuestro Salvador.
 
   Contemplémonos sin dejarnos purificar por el Señor, no porque nos consideramos inferiores a Él, sino porque existen personas y situaciones que nos atraen más, que la fe que profesamos, y el servicio a Dios, en nuestros prójimos los hombres.
 
   Contemplemos a Pedro dejando que Jesús le lavara los pies, y contemplémonos nosotros, dejando que nuestra vida sea amoldada, al cumplimiento de la voluntad, de Nuestro Padre celestial.
 
   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de dios, expuesta en JN. 13, 1-15.
 
   Admirémonos contemplando la humildad del Señor Jesús, y comprometámonos a vivir imitando la conducta que observó el Hijo de dios y María. Ello es un apasionante reto para nosotros, por la dificultad que nos supone, el hecho de intentarlo.
 
   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
 
   8. Oración personal.
 
   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
 
   Ejemplo de oración personal:
 
   Señor Jesús: Cuando el orgullo, la apatía o la pereza me fuercen a dejar de seguirte, recuérdame lo que hiciste por mí, y cómo aún intentas hacerme un buen seguidor tuyo sin cansarte a pesar de mi imperfección y de mis pecados, para que llegue a ser digno de formar parte de tu Reino. Que así sea.
 
   9. Oración final.
 
   Lee SAL. 40.
 
Agradecemos La Aportacion Especial de Jose Portillo Perez.

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